El Jugador
El Jugador Recuerdo solamente, como en un sueño, haber ganado unos dieciséis mil florines.
Una jugada desgraciada se me llevó doce mil. Luego jugué los últimos cuatro mil al passe y esperé maquinalmente, sin reflexionar, y gané de nuevo.
Gané todavía cuatro o cinco veces seguidas. Sólo puedo recordar que amontoné florines por millares.
Sé también que fueron los doce números del centro, a los cuales permanecí fiel, los que salieron con más frecuencia. Aparecían regularmente, siempre tres o cuatro veces seguidas; luego desaparecían dos veces, para volver a darse otra vez.
Creo que desde que llegué no había transcurrido media hora. De pronto, el croupier me informó que había ganado treinta mil florines y que la banca no respondía en una sesión más allá de esa suma y que se iba a tapar la ruleta hasta el día siguiente.
Recogí todo mi oro, lo metí en los bolsillos, tomé los billetes y pasé a otra sala donde había también una ruleta. La gente me siguió. Me hicieron inmediatamente sitio y empecé a jugar de cualquier modo, sin contar.
—¡No comprendo qué fue lo que me salvó!