El Jugador
El Jugador —¿Nos iremos? ¿Mañana? ¿No es verdad? —preguntó de repente, inquieta—. Podremos alcanzar a la abuela. ¿Qué te parece? Creo que la alcanzaremos en BerlÃn. ¿Qué va a decir al vernos? ¿Y Mr. Astley?… ¡Oh, ése si no se tirarÃa desde el Schlangenberg! ¿Qué te parece? —y se echó a reÃr—. Escucha, ¿sabes dónde piensa pasar el verano próximo? Pues tiene proyectado ir al Polo Norte para realizar investigaciones cientÃficas, y me llevará consigo. ¡Ja, ja, ja! Pretende que nosotros, los rusos, nada sabrÃamos sin los europeos, que no servimos para nada… ¡Pero él también es bueno! Figúrate que disculpa al general y dice que Blanche… que la pasión… en fin, no se qué, no sé qué —repitió, como si divagase—. ¡Qué compasión me dan ellos, y también la abuela! Escucha, dime, ¿eres capaz de matar a Des Grieux? ¿Pensabas verdaderamente en matarle? ¡Oh, el insensato! ¿PodÃas creer que dejarÃa que te batieses con él? Pero si tú no matas ni al barón —añadió riendo—. ¡Qué ridÃculo estuviste con el barón!
Desde mi banco os contemplaba a los dos. ¡Qué repugnancia manifestabas en salir a su encuentro! ¡Cómo me reÃ! —añadió, soltando la risa.
Y de pronto, de nuevo me abrazó, juntando con ternura apasionada su rostro con el mÃo. Yo ya no podÃa pensar en nada. La cabeza me daba vueltas.