El Jugador
El Jugador —¿Por qué lo habÃa de estar? Haces bien en adquirir ciertas cosas que te son necesarias. Todo esto podrá servirte para el dÃa de mañana. Debes seguir este plan; si no, no podrás llegar al millón. Nuestros cien mil francos no son más que una gota de agua en el océano.
Blanche, que en vez de estas reflexiones, esperaba reproches, se quedaba como quien ve visiones.
—¡Qué raro eres!… ¡Qué carácter tienes!… Mais tu as l’esprit pour comprendre. Sais-tu mon garçon, aunque seas un outchitel. ¡DebÃas haber nacido prÃncipe! ¿Entonces no lamentas que se nos acabe el dinero?
—No; cuanto antes, mejor.
—Mais, sais-tu… mais dis donc. Hablas como si fueras rico. ¡Desprecias demasiado el dinero! ¿Qué harás después?
—Después, me iré a Homburg y ganaré otros cien mil francos.
—Oui, oui c’est ça, c’est magnifÃque! Y sé de seguro que ganarás y me traerás la ganancia. Lo haces tan bien que voy a acabar amándote de veras. Para recompensarte te amaré todo este tiempo sin serte infiel. Ya ves, sin amarte, parce que je croyais que tu n’est qu’un outchitel —una especie de lacayo, ¿no es verdad?—; te he sido fiel, parce que je suis bonne fille.