El Jugador
El Jugador —¡Me ha perdido —decÃa—, me ha robado, me ha hundido en la miseria! ¡Fue mi pesadilla durante dos años! ¡Oh, no me hable de él jamás! Yo comprendÃa perfectamente de que se estaba llegando a un acuerdo entre Blanche y él, pero permanecÃa callado, como de costumbre. Ella fue la primera en ponerme al corriente, ocho dÃas antes de nuestra separación:
—Il a de la chance —me dijo—; la abuela está ahora verdaderamente enferma y sus dÃas están contados.
Mr. Astley ha enviado un telegrama. A pesar de todo, el general es su heredero. Y aun sin eso, no serÃa un estorbo. Tiene su pensión, vivirá en el cuarto de al lado y será completamente feliz. Yo seré madame la générale. Frecuentaré la buena sociedad —era el sueño de Blanche—. Más tarde seré una rica propietaria rusa, j’aurai un château, des moujiks, et puis j’aurai toujours mon million.
—Pero, si a él le da por ponerse celoso, si exige… Dios sabe qué… ¿comprendes?
—¡Oh, no, no! ¡No se atreverá! He tomado mis medidas, puedes estar tranquilo. Le he hecho firmar ya algunos pagarés a la orden de Alberto. A la más mÃnima que me hiciera, serÃa castigado. ¡Pero no se atreverá!
—Pues bien, cásate…