El Jugador
El Jugador HacÃa tiempo que nos veÃamos y nos encontramos por casualidad, en las circunstancias siguientes: Paseaba por el jardÃn, reflexionando que casi estaba sin dinero, pues sólo poseÃa cincuenta florines, porque la vÃspera habÃa pagado la cuenta del hotel en el que ocupo un cuartucho indecente. Me quedaba el recurso de acudir a la ruleta y jugar una sola vez… Si la suerte me favorecÃa por poco que ganase, podrÃa continuar jugando sà perdÃa, me verÃa precisado a volver a mi condición de criado, si no encontraba algún compatriota que necesitase un preceptor. Abismado en estas reflexiones estuve paseando cuatro horas. Cuando, hambriento y malhumorado, me disponÃa a abandonar el jardÃn, vi a Mr. Astley sentado en un banco. Me senté a su lado. Al notar su aire grave, moderé inmediatamente mi alegrÃa, que habÃa sido muy viva al verle.
—¡Vamos, usted aquÃ! Ya suponÃa que le encontrarÃa —me dijo—. Es inútil que se moleste en contarme… lo sé todo. Su vida, durante estos veinte meses, me es conocida.
—¡Bah! ¡De modo que espÃa usted a sus antiguos amigos!—repliqué—. Esto no le hace honor… , pero espere, que me da usted una idea. ¿No es usted quien me hizo salir de la cárcel de Ruletenburg, donde me hallaba encerrado a causa de una deuda de doscientos florines? Pagó por mà alguien que ocultó su nombre.