El Jugador
El Jugador —SÃ, desdichado; ahora que es usted un hombre perdido se lo puedo decir. Aún más, puedo asegurarle que le ama todavÃa, a pesar de que está usted aquÃ. ¡Está usted perdido! Antes no era malo, poseÃa aptitudes, hubiera podido ser útil a su patria, que tan necesitada está de hombres inteligentes. Pero usted no se moverá de aquà y arruina su vida. No le censuro. En mi opinión, todos los rusos están cortados por su mismo patrón. Cuando no es la ruleta, es otra cosa por el estilo. Las experiencias son muy raras. Usted no es el primero en desconocer la nobleza del trabajo —no hablo de vuestro pueblo—. La ruleta… es un juego esencialmente ruso. Hasta ahora ha sido usted honrado y ha preferido más ser criado que ladrón… Pero tiemblo al pensar lo que puede ocurrir el dÃa de mañana. ¡Basta, adiós! ¿Necesita dinero? Tome diez luises. No le doy más, pues de todos modos los perderá. ¡Tómelos y digámonos adiós!
—No, Mr. Astley; después de todo lo que acabamos de hablar…