El Jugador
El Jugador —¡Tómelos! —gritó—. TodavÃa creo que es usted bueno y se lo doy como se lo darÃa a un verdadero amigo. Si tuviera la certeza de que usted dejaba ahora mismo el juego y Homburg para volver a su patria, estarÃa dispuesto a darle inmediatamente mil libras para que comenzara una nueva vida, para que se regenerara. Pero si en lugar de mil libras le doy diez luises, es porque no veo en usted propósito de enmienda. ¡PerderÃa lo uno y lo otro! Tómelo y adiós.
—Lo tomaré, si usted me permite que le pague con un abrazo.
—¡Con mucho gusto!
Nos abrazamos cordialmente y Mr. Astley se alejó.
¡Mr. Astley se equivocaba! Si yo habÃa sido duro e injusto con respecto a Paulina y a Des Grieux, injusto y duro habÃa él sido para con los rusos. No me quejo por mÃ. No se trata de eso tampoco.
Son hechos y no palabras lo que hace falta. Lo esencial ahora es Suiza.
Mañana mismo… ¡Oh, si fuese posible marchar mañana! Es preciso convertirse en un hombre nuevo, resurgir. Quiero demostrarles… Paulina sabrá que aún puedo volver a ser un hombre. Basta, para esto…
Hoy es demasiado tarde, pero mañana…