El Jugador
El Jugador Afirmé, con gran seriedad, que asà lo creÃa. En lo que se refiere a mi seguridad de ganar a toda costa, siempre admità que ello serÃa ridÃculo. “Deseaba que me dejaran tranquilo. “ Paulina Alexandrovna insistió en repartir conmigo la ganancia de la jornada y me entregó ochenta federicos, es decir, ochocientos florines, proponiéndome continuar jugando con esta condición.
Me negué categóricamente y declaré que no podÃa seguir jugando por cuenta ajena, no por mala voluntad, sino porque estaba seguro de perder.
—Y sin embargo, por estúpido que esto parezca, yo no tengo otra esperanza que la ruleta —dijo ella, pensativa—. Por esta causa debe usted continuar jugando conmigo, a medias… y estoy segura de que lo hará.
Dicho esto, se alejó de mà sin querer escuchar mis objeciones.