El Jugador
El Jugador —No estoy dispuesto a considerar como arreglado el asunto del barón —continué, con sangre frÃa imperturbable, sin hacer caso de la risa de Des Grieux—. Y como al consentir en oÃr las reclamaciones del barón y atenderlas, usted ha participado, por decirlo asÃ, en todo este asunto, tengo el honor, general, de informarle que mañana por la mañana exigiré al barón, en mi nombre, una explicación formal. Le preguntaré por qué motivo, tratándose de un asunto mÃo, se ha dirigido, prescindiendo de mÃ, a una tercera persona… como si yo no pudiese o no fuese digno de responder de mis actos.
Lo que yo presentÃa ocurrió. Al anuncio de esta nueva extravagancia el general se asustó de veras.
—¡Qué! ¿Quiere usted insistir en su maldita actitud? —exclamó—. ¡En qué situación me coloca usted, Dios mÃo! ¡Guárdese bien, señor, guárdese bien! Si no, se lo juro… Aquà hay autoridades y… yo… En fin, mi grado… Y el barón igualmente… En una palabra, le detendrán y será expulsado por la policÃa, para evitar un escándalo. ¿Lo ha comprendido, no es verdad? —y aunque la cólera lo poseÃa, sentÃa, a pesar de todo, un miedo horrible.