El Jugador
El Jugador Tomé el dinero, lo conté, saludé al general y le dije, muy seriamente:
—General, este asunto no puede quedar asÃ. Lamento mucho que usted haya sufrido molestias por parte del barón, pero, excúseme, la culpa es toda suya. ¿Cómo ha podido usted encargarse de responder al barón en mi lugar y en mi nombre? ¿Qué significa esa expresión de que yo pertenezco a su casa? Soy, sencillamente, un preceptor en su casa y nada más. No soy su hijo ni estoy bajo su tutela, y usted no puede responder de mis actos. Puedo obrar con plena capacidad legal. Tengo veinticinco años, soy gentilhombre, licenciado y completamente ajeno a usted. Sólo el profundo respeto hacia sus méritos me retiene para preguntarle con qué razón se ha arrogado el derecho de preguntarle en mà nombre ante ese alemán…
El general, desconcertado, alzó los brazos al cielo, y volviéndose hacia el francés, le indicó en pocas palabras que yo acababa casi de provocarle a un duelo. Este se echó a reÃr.