El Jugador
El Jugador A veces, en el extranjero, los rusos son timoratos en exceso. Obsesionados por las conveniencias, temen enormemente el qué dirán y la manera cómo serán mirados. En una palabra, se diría que llevan corsé, sobre todo los que pretenden darse importancia. Adoptan, desde un principio, una actitud determinada, que siguen servilmente en los hoteles, las excursiones, las reuniones…
Pero el general había hecho, además, alusión a ciertas circunstancias que le obligaban a “comportarse de un modo particular”. Por esta razón le había entrado miedo de pronto y había cambiado de tono para conmigo. Registré cuidadosamente este hecho. Podía muy bien, por pura estupidez, dirigirse al día siguiente a las autoridades, por lo cual yo debía ser prudente.
Por otra parte, era a Paulina y no al general a quien deseaba disgustar. Me había tratado tan cruelmente y empujado por un camino tan absurdo que deseaba ahora obligarla a suplicarme que no hiciese nada.