El Jugador
El Jugador Sin embargo, apreciando la diferencia de edades, la situación social, etc. —me costó trabajo contener la risa al llegar a este punto—, no querÃa realizar una nueva ligereza, es decir, pedir satisfacciones al barón ni aun siquiera dárselas. No obstante, me juzgaba plenamente autorizado para presentarle mis excusas, sobre todo a la baronesa, tanto más cuando que, efectivamente, en los últimos tiempos me encontraba mal, deprimido de espÃritu, lleno de ideas absurdas, etc.
El propio barón, al dirigirse la vÃspera al general, de un modo vejatorio para mÃ, y al insistir en que me despidiese, me habÃa puesto en una situación tal que me era imposible presentarle mis excusas, asà como a la baronesa, pues los dos y todo el mundo pensarÃa seguramente que habÃa ido a excusarme para recobrar mi empleo.
De todo lo cual resultaba que me veÃa obligado a rogar al barón que me diese primero explicaciones, en los términos más moderados, por ejemplo, declarando que no habÃa tenido en modo alguno intención de ofenderme.
—Cuando el barón haya hecho esto, yo le presentaré a mi vez excusas, libremente, con sinceridad y franqueza. En una palabra —conclu×pido tan sólo que el barón me deje en libertad de obrar.