El Jugador
El Jugador —¡Hum, y qué susceptibilidad y cuántas sutilezas! ¿Para qué presentar tantas excusas? Vamos, convenga, señor… señor… señor… que usted hace todo esto a propósito para exasperar al general… Pero quizá persigue usted un fin particular… “mon cher monsieur… pardon, j'ai oublié votre nom; monsieur Alexis, n'est ce pas?”.
Pero, permĂtame usted “mon cher marquis”, ÂżquĂ© le va ni le viene en el asunto? —“Mais le gĂ©nĂ©ral…”.
—¿QuĂ© tiene que ver el general? Ayer dio a entender que debĂa mantenerse en cierta forma… y se alarmaba de tal modo… que yo, a decir la verdad, no comprendĂ nada.
—Hay una circunstancia particular —replicó Des Grieux con un tono de ruego que me llenaba cada vez más de despecho—. ¿Usted conoce a la señorita de Cominges?
—¿Quiere usted decir la señorita Blanche?
—SĂ, la señorita “Blanche de Cominges… et madame sa mere… “, convenga usted mismo que el general…
En una palabra, que el general está enamorado… y tal vez el matrimonio tendrá lugar aquĂ. Y figĂşrese usted, con todo este escándalo y todos esos chismes.