Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Además, esa muchacha que dices que es tan encantadora no es hija de ningún conde —insistÃa Anna Andréievna, muy molesta por mi elogio de la futura prometida del joven prÃncipe—. Natasha serÃa mejor partido para él. La otra es hija de un rentista, mientras que Natasha procede de una familia ilustre, es una joven de la alta nobleza. Ayer mismo mi marido (ya se me olvidaba) abrió esa arqueta bardada que tiene, ¿la conoces?, y se pasó toda la velada sentado frente a mÃ, repasando documentos antiguos. Estaba muy serio. Yo hacÃa calceta sin atreverme a mirarle. Viendo que no le decÃa nada, se enfadó conmigo y me dio un grito, y luego se pasó toda la velada explicándome nuestra genealogÃa. Resulta que nosotros, los Ijménev, ya éramos nobles en tiempos de Iván VasÃlievich el Terrible, y que mis antepasados, los ShumÃlov, ya eran célebres en la época de Alekséi Mijáilovich; tenemos documentos que lo prueban, y se nos menciona en la Historia de KaramzÃn[29]. Asà que, como ves, en ese aspecto no somos menos que nadie, bátiushka. En cuanto mi marido empezó a explicármelo, comprendà lo que tenÃa en mente. Está claro que a él también le ofende que esa gente desprecie a Natasha. Nos aventajan tan sólo en riqueza. Muy bien, pues que ese bandido de Piotr Aleksándrovich se desviva por la riqueza; todo el mundo sabe que es un hombre cruel y codicioso. Dicen que en Varsovia se ha hecho jesuita en secreto. ¿Será verdad?