Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Nikolái Sergueich! ¿Acaso no le da lástima Anna Andréievna? ¿No ve lo que le está haciendo? —dije, sin poder contenerme, mirándole casi con indignación. Pero lo único que hice fue echar más leña al fuego.
—¡No me da ninguna lástima! —exclamó tembloroso, poniéndose pálido—. ¡No me da ninguna lástima porque de mà tampoco la tiene nadie! ¡No me da lástima porque en mi propia casa se conspira contra mÃ, que he sido ultrajado, en favor de una hija depravada, que se merece todas las maldiciones y todos los castigos!
—¡Bátiushka, Nikolái Sergueich, no la maldigas! ¡Haz lo que quieras, pero no maldigas a tu hija! —gritó Anna Andréievna.