Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos A Natasha le sentaba muy mal que alguien considerara a Aliosha poco inteligente. Cada vez que yo, sin excesivos miramientos, le hacía ver a Aliosha que había hecho alguna tontería, ella se enfadaba conmigo, aunque no me dijera nada; era muy sensible al respecto. No podía soportar las humillaciones de Aliosha; en parte, posiblemente, porque ella misma era consciente de sus limitaciones. Pero nunca le daba a conocer su opinión, y tenía mucho miedo de herir su orgullo. En esas situaciones, él mostraba una especial perspicacia y siempre intuía los sentimientos ocultos de Natasha. Ella se daba cuenta y se ponía muy triste, y en seguida empezaba a adular a Aliosha y le trataba con mucho cariño. De ahí su reacción tan sentida ante las palabras que acababa de escuchar…
—¡No insistas, Aliosha! —siguió diciendo—. ¡Tú no eres nada de eso! Tan sólo eres un poco atolondrado. ¿Por qué te humillas de ese modo?