Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Ha sido de lo más sencillo! Me he dirigido a ella sin titubeos, con toda franqueza, resuelto… Pero, primero, tengo que contaros otra cosa que me habÃa pasado antes, y que me ha afectado mucho. Antes de salir de casa, mi padre ha recibido una carta. Justo en ese momento, yo me he asomado a su despacho y me he quedado en la puerta. Él no me ha visto. Aquella carta le habÃa dejado tan aturdido que estaba hablando solo, exclamando, mientras paseaba por la habitación, fuera de sÃ. Por fin, ha estallado en una carcajada, sin soltar la carta. Yo no me atrevÃa a entrar; he esperado unos segundos, y por fin me he acercado. Por alguna razón, mi padre estaba contento, muy contento; se ha dirigido a mà en un tono algo extraño; después se ha interrumpido bruscamente y me ha mandado prepararme para salir de inmediato, a pesar de que era muy temprano aún. Hoy no habÃa visitas. Sólo estábamos nosotros, asà que no tenÃas razón, Natasha, al pensar que habÃa una fiesta. No te han informado bien…
—Ay, Aliosha, no te apartes del tema, te lo ruego; ¡dinos lo que le has contado a Katia!