Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Cómo! ¿Qué tenÃas tú que contarle? ¿Qué habÃa que confesar? —le preguntó Natasha intranquila.
—Todo. Absolutamente todo —respondió Aliosha—, y le doy gracias a Dios por haberme inspirado esa idea. OÃdme bien. Hace cuatro dÃas tomé una decisión: evitaros a vosotros y acabar yo solo con todo esto. Si hubiera estado con vosotros, habrÃa tenido muchas dudas: os habrÃa escuchado y jamás me habrÃa decidido. En cambio, estando yo solo, habiéndome puesto en una situación en la que no tenÃa más remedio que convencerme a mà mismo continuamente de que necesitaba, de que debÃa, acabar con todo eso, me he armado de valor, ¡y he zanjado el asunto!
—¿Cómo? ¿Cómo ha ocurrido todo? ¡Venga, cuenta!