Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Pues todo terminó perfectamente, habiendo conseguido mi objetivo, ¿entiendes? Pero ahora no hay tiempo. Sólo querÃa entrar un minuto para hacerte saber que ahora mismo no tengo tiempo ni siquiera para ti; y, de paso, para que me digas si piensas llevar a la niña a algún sitio o si prefieres tenerla aquà contigo. Porque conviene meditarlo bien y tomar una decisión.
—La verdad es que aún no sé qué hacer, y confieso que estaba esperando para consultártelo. Por ejemplo, no sé en calidad de qué podrÃa tenerla aquà conmigo.
—Pues, no sé, como no sea como sirvienta…
—Habla más bajo, por favor. Aunque esté enferma, está plenamente consciente, y me he dado cuenta de que, cuando te ha visto aparecer, se ha puesto nerviosa. O sea, que se acuerda de lo de ayer…
Entonces le hablé del carácter de la niña y de todo lo que habÃa advertido en ella. Maslobóiev estaba interesado en lo que le contaba. Añadà que a lo mejor podÃa colocarla en una casa, y le hablé por encima de mis viejos amigos. Para mi sorpresa, él ya conocÃa algo de la historia de Natasha y, cuando le pregunté de qué la conocÃa, me contestó: