Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Yo no querÃa atosigarla con preguntas. Era el suyo un carácter extraño, cambiante e impetuoso, aunque reprimÃa sus impulsos; también era cariñosa, aunque se ocultaba detrás de una barrera de orgullo y de inaccesibilidad. Desde el dÃa en que la conocÃ, a pesar de que me querÃa de todo corazón, con un afecto claro y luminoso —casi tan profundo como el que habÃa sentido por su difunta madre, de la que no podÃa acordarse sin sufrir—, muy pocas veces se sinceró conmigo y, salvo aquel dÃa, raramente sintió la necesidad de hablarme de su pasado; al contrario, más bien se mostraba reservada y distante conmigo. Pero aquel dÃa, a lo largo de varias horas, entre lamentos y sollozos espasmódicos que interrumpÃan su relato, me contó todo lo que más la angustiaba y atormentaba en sus recuerdos, y yo nunca olvidaré esa historia terrible. Aunque lo fundamental de su historia queda para más adelante…