Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —PermÃtame, Natalia Nikoláievna —prosiguió muy digno—; admito que soy culpable, pero únicamente de haberme marchado al dÃa siguiente de conocerla, de modo que usted, en vista de la suspicacia que advierto en su carácter, habrá tenido ocasión de cambiar de opinión sobre mÃ, y ese cambio se ha visto favorecido por las circunstancias. De no haberme marchado, usted me habrÃa conocido mejor y Aliosha, sometido a mi vigilancia, no se habrÃa descarriado. Hoy mismo va a tener usted ocasión de oÃr lo que voy decirle a mi hijo.
—O sea, que va a hacer usted que Aliosha empiece a considerarme una carga para él. Con su inteligencia, es imposible que piense usted en serio que va a ayudarme de ese modo.
—¿Acaso insinúa que estoy buscando deliberadamente que él la vea como una carga? Me ofende, Natalia Nikoláievna.