Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Procuro evitar toda insinuación, hable con quien hable —replicó Natasha—. Trato siempre, al contrario, de ser lo más sincera que puedo; tal vez se convenza usted hoy de ello. No pretendo ofenderle ni tengo motivos para hacerlo, aunque sólo sea porque usted no se va a sentir ofendido con mis palabras, diga yo lo que diga. De eso estoy muy segura, ya que me doy perfecta cuenta de cómo son nuestras relaciones: usted es incapaz de tomárselas en serio, ¿no es cierto? Pero, si de verdad le he ofendido, estoy dispuesta a pedirle perdón, a fin de cumplir con usted todas las obligaciones de la… hospitalidad.