Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Amigo mío —contestó—, no puedo recordar todo lo que te he dicho, claro está; pero me extraña que hayas interpretado mis palabras en ese sentido. Estoy dispuesto a hacer todo lo que esté en mi mano para aclarártelo. Y, si me he reído, también es algo comprensible. Te diré que con mi risa trataba de disimular mi amargura. Cuando pienso que vas a casarte en breve, se me antoja ahora mismo que es algo completamente irrealizable, disparatado y, perdona que te lo diga, hasta ridículo. Me echas en cara que me ría, pero te diré que tú tienes la culpa. Admito que yo también soy culpable: es posible que te haya prestado poca atención últimamente y, por eso, hasta esta misma noche no me había dado cuenta de lo que eres capaz. Me estremezco al pensar en tu porvenir con Natalia Nikoláievna: me he precipitado; ahora veo que sois muy distintos. Todo amor pasa, pero las diferencias permanecen para siempre. Y no hablo ya de tu destino: date cuenta de que, por muy buenas intenciones que tengas, vas a arruinar la vida de Natasha, además de la tuya, ¡irremisiblemente! Te has pasado una hora entera hablando del amor a la humanidad, de la nobleza de las convicciones, de las ilustres personas que has conocido; pero pregúntale a Iván Petróvich lo que le he dicho hace un rato, al llegar a este cuarto piso, tras subir por esa horrible escalera y pararnos delante de la puerta, dándole gracias a Dios por haber salvado nuestras vidas y nuestras piernas. ¿Sabes qué idea me vino inmediatamente a la cabeza? Me asombró que, pese a tu amor por Natalia Nikoláievna, puedas tolerar que viva en semejante piso. ¿Cómo no se te ha ocurrido que, si no dispones de medios ni eres capaz de cumplir con tus obligaciones, tampoco tienes derecho a casarte ni a asumir compromiso alguno? El amor por sí solo no basta; hay que demostrarlo con hechos; pero tu idea es: «Vive conmigo, aunque sufras conmigo». ¡Pues eso no es humano, no es noble! Hablar de amor universal, entusiasmarse con las cuestiones que afectan a toda la humanidad y, al mismo tiempo, atentar contra el amor y no darse cuenta… ¡es algo incomprensible! No me interrumpa, Natalia Nikoláievna, déjeme terminar; todo esto me resulta demasiado amargo y necesito desahogarme. Decías, Aliosha, que estos días te has quedado prendado de todo lo que es noble, hermoso y honrado, y me has recriminado que en nuestro círculo social no existen tales pasiones, sino únicamente la fría prudencia. Pero date cuenta: te entusiasmas con todo lo elevado y hermoso y luego, después de lo ocurrido aquí el martes, desatiendes durante cuatro días a aquella que, aparentemente, tendría que ser para ti lo más preciado en el mundo… Has reconocido incluso que discutiste con Katerina Fiódorovna a propósito de lo mucho que te quiere Natalia Nikoláievna: tan generosa es, a tu juicio, que está siempre dispuesta a perdonarte tu proceder. Pero ¿qué derecho tienes a contar de antemano con su perdón y a apostar por ello? ¿Es que no te has parado a pensar ni una vez en todos los amargos pensamientos, en todas las dudas y sospechas que habrás despertado estos días en Natalia Nikoláievna? ¿O es que, por mucho que hayas andado por ahí, cautivado por esas ideas nuevas, tenías derecho a desatender la más primordial de tus obligaciones? Perdóneme, Natalia Nikoláievna, que haya faltado a mi palabra. Pero el asunto que ahora nos ocupa es más importante que esa promesa: usted misma lo comprenderá… ¿No sabes, Aliosha, que he encontrado a Natalia Nikoláievna tan desesperada que he comprendido en seguida qué clase de infierno han sido para ella estos cuatro días que, contrariamente, tendrían que haber sido los mejores de su vida? Por una parte, esa clase de conducta; por la otra, palabras, palabras y palabras… ¿O acaso no tengo razón? ¿Y, después de eso, me acusas a mí, siendo tú enteramente culpable?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker