Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Tal vez porque pensaba fascinarnos con sus palabras, para que asà no advirtiéramos sus secretas intenciones. ¡No hay nada que explicarle! Usted lo sabe todo y lo comprende todo. Aliosha tiene razón. Lo que usted más desea, por encima de cualquier otra cosa, es separarnos. Después de lo ocurrido la noche del martes, usted ya sabÃa perfectamente todo lo que iba a pasar hoy aquÃ; lo tenÃa todo calculado al detalle. Ya le he dicho que usted no me tomaba en serio, ni a mà ni el matrimonio que usted mismo ha maquinado. Se burla de nosotros; está jugando y persigue un fin que sólo usted conoce. Juega con ventaja. Aliosha tenÃa razón cuando le reprochaba que usted ve todo esto como un vodevil. DeberÃa alegrarse, en vez de echarle nada en cara a Aliosha, porque éste, sin saberlo, ha llevado a cabo todo lo que usted esperaba de él; puede que incluso más.
Me quedé estupefacto. Esperaba que aquella noche se produjera alguna catástrofe. Pero la franqueza excesivamente brusca de Natasha y el tono marcadamente despectivo de sus palabras me dejaron totalmente pasmado. «Entonces, ella tiene necesariamente que saber algo —pensé—, y ha decidido romper de inmediato.» Tal vez hubiera estado aguardando al prÃncipe con impaciencia para, de una vez por todas, decÃrselo todo a la cara. El prÃncipe palideció ligeramente. El rostro de Aliosha reflejaba un ingenuo terror y una angustiosa expectación.