Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡No sé si se da cuenta de la gravedad de sus acusaciones! —exclamó el prÃncipe—. Mida un poco sus palabras… No entiendo nada.
—¡Ah! Será que no quiere usted entender —dijo Natasha—. Porque hasta él, hasta Aliosha, le ha entendido a usted igual que le he entendido yo, y no nos hemos puesto de acuerdo, porque ni siquiera nos habÃamos visto. También a él le ha dado la impresión de que está usted jugando con nosotros a un juego indigno y ofensivo, y eso a pesar de que él le quiere y cree en usted como en un dios. No se ha tomado la molestia de tener más cautela con él, más astucia; contaba con que no se darÃa cuenta. Y, sin embargo, él tiene un corazón sensible, tierno e impresionable, y las palabras que usted ha pronunciado, su tono, como él dice, se le han quedado grabadas en el corazón…