Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Demostrarlo! ¿Y qué me dice de toda su conducta anterior, cuando trataba usted de separarlo de mí? Quien enseña a su hijo a desentenderse de sus obligaciones y a tomárselas a broma para obtener ventajas materiales y dinero, le está corrompiendo. ¿Qué es lo que decía hace un momento de la escalera y de este horrible piso? ¿No ha sido usted el que le ha retirado la asignación que solía pasarle para lograr que el hambre y la necesidad acaben por separarnos? ¡Por culpa suya tenemos este piso y esta escalera, y aún tiene usted el valor de reprochárselo! ¡Es usted un hipócrita! ¿Y de dónde sacó aquella noche ese entusiasmo, esas nuevas convicciones, insólitas en usted? ¿Por qué le hacía yo tanta falta? No he parado quieta en estos cuatro días; le he dado vueltas a todo, lo he ponderado todo, cada palabra suya, cada expresión en su cara, y he llegado a la conclusión de que todo era fingido, no era más que una farsa, una comedia ofensiva, ruin e indigna… ¡Le conozco a usted, hace ya tiempo que le conozco! Cada vez que Aliosha venía a verme después de estar con usted, podía adivinar por su semblante todo lo que le había dicho, todo lo que le había inculcado. ¡He descubierto cuánta influencia ejerce sobre él! ¡No, usted a mí no me engaña! Es posible que tenga nuevos planes, es posible que lo que acabo de decir no sea lo más importante, pero qué más da. ¡Lo fundamental es que usted pretendía engañarme! ¡Eso es lo que tenía que decirle a la cara!