Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Pruebas! —exclamó Natasha, levantándose rápidamente del asiento—. ¡Asà que quiere pruebas! ¡Qué astuto es usted! ¡No podÃa haber hecho nada mejor cuando se presentó aquà con su propuesta! TenÃa que calmar a su hijo, apaciguar sus remordimientos, para que pudiera entregarse a Katia sin reservas, sintiéndose libre y tranquilo; de lo contrario, se habrÃa estado acordando de mà continuamente y no se habrÃa plegado a sus deseos. Y usted ya estaba harto de esperar. ¿No es cierto?
—Confieso —respondió el prÃncipe con una sonrisa sarcástica— que, si hubiese querido engañarla, efectivamente habrÃa procedido asÃ; es usted muy… aguda, pero para lanzar semejantes reproches es preciso demostrarlo todo…