Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Bueno, y ahora ¿qué me dices del prÃncipe?
—Tú dale con el prÃncipe. ¿Qué quieres que te cuente? Ya me pesa haberme ofrecido. Yo lo único que querÃa, Vania, era prevenirte contra ese granuja para, por asà decir, protegerte de su influencia. Todo el que tiene algún trato con él corre peligro. Asà que ponte en guardia; nada más. Y tú pensabas que yo iba a revelarte a saber qué misterios de ParÃs. ¡Cómo se nota que eres novelista! Bueno, ¿qué se puede decir de ese canalla?… porque es un auténtico canalla… Mira, voy a contarte, por ejemplo, uno de sus asuntillos, naturalmente sin especificar lugares, ciudades ni personas, quiero decir, sin la precisión de un calendario. Ya sabes que en su juventud, cuando tenÃa que vivir de su sueldo de funcionario, se casó con la hija de un rico comerciante. Bueno, pues con ella no se portó nada bien, y aunque éste no es el caso que nos ocupa, quiero dejar constancia, amigo Vania, de que al prÃncipe siempre le ha gustado buscarse la vida de ese modo. Aquà tienes otro ejemplo: una vez viajó al extranjero. AllÃ…
—Espera, Maslobóiev, ¿de qué viaje estás hablando? ¿En qué año fue?