Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —No, no, sé mucho menos. Usted los conoce y puede que incluso la propia Natalia Nikoláievna le haya contado en alguna ocasión lo que piensa al respecto, y eso es lo que mejor podrÃa guiarme. Puede usted serme de gran ayuda; el asunto es extremadamente complejo. Estoy dispuesto a ceder y he tomado la firme decisión de hacerlo, independientemente de cómo terminen las demás historias. ¿Comprende? Pero la pregunta es cómo llevar a cabo dicha cesión. El viejo es orgulloso y terco; puede que hasta me insulte por mi benevolencia y me tire el dinero a la cara.
—Pero discúlpeme, ¿usted considera que el dinero es suyo o de Ijménev?
—El proceso lo he ganado yo; por tanto, es mÃo.
—¿Y en conciencia?