Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos La condesa vivía muy bien. En las estancias imperaban la comodidad y el buen gusto, pero sin ostentación. No obstante, todo tenía un carácter provisional; era una vivienda acondicionada sólo para una temporada, no como residencia permanente de una familia rica, con toda la amplitud y todos los caprichos que la nobleza considera imprescindibles. Se rumoreaba que la condesa pasaría el verano en su hacienda (en ruinas y con varias hipotecas) en la provincia de Simbirsk, en compañía del príncipe. Yo ya lo había oído, y me inquietaba la posible reacción de Aliosha cuando Katia se marchara con la condesa. Todavía no había hablado de eso con Natasha, no me atrevía; pero algunos indicios me hacían pensar que acaso a ella también le hubiera llegado el rumor. No obstante, ella callaba y sufría en silencio.