Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Hum… asà es como me entiende usted, mi buen Iván Petróvich. —El prÃncipe se echó a reÃr. ¿A qué venÃa esa risa?—. A todo esto —continuó—, hay aún tantas cosas de las que tenemos que hablar. Pero otra vez será. Sólo le pido que se dé cuenta de una cosa: este asunto afecta directamente a Natalia Nikoláievna y a su futuro, y todo eso depende en parte de lo que nosotros decidamos, y de cómo enfoquemos la cuestión. Como puede ver, es usted imprescindible. Por eso, si todavÃa siente afecto por Natalia Nikoláievna, no podrá usted negarse a darme una explicación, por muy poca simpatÃa que me tenga. Pero ya hemos llegado… À bientôt.