Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Ya vuelve usted a acalorarse! Muy bien… ya cambio de tema, ya cambio. Sólo querÃa preguntarle una cosa, mi buen amigo: ¿usted siente un gran respeto por ella?
—Claro —respondà con una impaciencia grosera.
—Ya; ¿y la ama usted? —continuó, mostrando los dientes de un modo repulsivo y entornando los ojos.
—¡Está usted propasándose! —grité.
—¡No, no! ¡No era ésa mi intención! ¡Tranquilo! Hoy estoy de un humor excelente. HacÃa mucho que no estaba tan animado. ¿Y si bebemos un poco de champán? ¿Qué me dice, poeta?
—¡Yo no voy a beber! ¡No quiero!