Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Efectivamente, estaba dispuesto a lanzarme sobre él. Ya no podía contenerme. Me daba la sensación de que tenía delante una especie de reptil o una araña monstruosa, y ardía en deseos de aplastarla. Se recreaba en sus burlas; estaba jugando conmigo como un gato con un ratón, convencido de que me tenía en sus garras. Tuve la impresión (y era algo que podía entender) de que encontraba alguna clase de satisfacción, alguna clase de placer voluptuoso, en su bajeza, en su desfachatez, en aquel cinismo con el que, por fin, se estaba arrancando la careta. Quería disfrutar de mi estupor, de mi miedo. Su desprecio era auténtico y se estaba riendo de mí.

Desde el principio había presentido que todo estaba preparado de antemano y obedecía a algún plan; pero en mi situación me veía obligado a toda costa a escucharle hasta el final. En interés de Natasha, tenía que estar dispuesto a afrontar cualquier cosa, a resistir, porque cabía la posibilidad de que en cualquier momento se decidiera todo. Pero ¿cómo podía uno escuchar esas cínicas y zafias ocurrencias a costa de ella, cómo aguantar todo aquello sin perder la calma? Y, para colmo, el príncipe era muy consciente de que yo no podía dejar de escucharle, y eso le llevaba a redoblar su ofensiva. «No obstante, él también me necesita», pensé, y a partir de entonces empecé a replicarle en tono áspero y duro. No tardó en darse cuenta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker