Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¡Un minuto! Sólo un par de cosas más —exclamó, dejando de repente su tono repulsivo y poniéndose serio—. Escuche bien esto último: de todo lo que le he dicho se desprende claramente, sin sombra de duda (me imagino que ya se habrá dado cuenta), que jamás pienso renunciar, por ningún concepto, a mi propio beneficio. Me gusta el dinero, y lo necesito. Katerina Fiódorovna tiene dinero a espuertas; durante diez años su padre obtuvo grandes beneficios del monopolio del vodka. Tiene tres millones de rublos, y esos tres millones me vendrÃan muy bien. Aliosha y Katia hacen muy buena pareja: son dos tontos de remate; es justo lo que necesito. De ahà mi deseo y mi firme propósito de que su matrimonio se celebre cuanto antes. En dos o tres semanas la condesa y Katia se marcharán a la aldea. Aliosha tiene que acompañarlas. Advierta a Natalia Nikoláievna de que no debe haber escenas bucólicas, ni dramones schillerianos, ni intentos de alzarse contra mÃ. Soy vengativo y malvado, no doy mi brazo a torcer. No le tengo miedo a esa joven; todo se hará como yo diga, de eso no me cabe ninguna duda, y si la prevengo ahora, más bien, es en su beneficio. Asà que procure usted que no haga ninguna tonterÃa y actúe con sensatez. Si no, lo va a pasar mal, muy mal. TendrÃa que estarme agradecida por no haber actuado contra ella como se merecÃa, descargando sobre ella el peso de la ley. Sepa usted, mi querido poeta, que las leyes protegen la paz familiar y le garantizan al padre la obediencia del hijo; aquellas personas que impiden que los hijos cumplan sus sagradas obligaciones con sus progenitores no gozan de amparo legal. Tenga presente, por último, que yo tengo mis vÃnculos, y ella ninguno y… ¿Se da usted cuenta de lo que podrÃa haber hecho con ella? Si no he hecho nada ha sido porque hasta ahora ha procedido con mucha sensatez. No se preocupe: en los últimos seis meses, sin descanso, no han dado un solo paso que no haya sido celosamente vigilado; yo he estado al corriente de todo, hasta del más pequeño detalle. Por eso, he aguardado tranquilamente a que el propio Aliosha la dejara, y eso ya ha empezado; entre tanto ha disfrutado de una distracción deliciosa. Él a mà me ha visto como a un padre comprensivo, y yo necesito que él tenga esa idea de mÃ. ¡Ja, ja, ja! Cuando recuerdo que la otra noche estuve poco menos que alabando la generosidad y el desinterés de esa joven, por no haber pretendido casarse con él. ¡Que me digan a mà cómo se pensaban casar! Por lo que respecta a mi aparición en su casa, obedecÃa únicamente a que ya iba siendo hora de poner fin a su relación. Y necesitaba verificarlo todo con mis propios ojos, comprobarlo personalmente… Bueno, ¿tiene usted suficiente? O a lo mejor quiere saber más cosas: para qué le he traÃdo a este lugar, a qué ha venido todo esto, por qué me he sincerado asà con usted cuando todo podÃa haberse dicho sin tanta crudeza, ¿verdad?