Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Las buenas personas no esperan nada de eso, Nellie. Les gusta ayudar a quien lo necesita. Hay mucha gente asÃ, Nellie; el mundo está lleno de gente buena. Lo que pasa es tú has tenido mala suerte, y no has encontrado a esa clase de gente, sobre todo cuando más falta te habrÃa hecho.
Nellie se quedó callada; yo me retiré de su lado. Pero un cuarto de hora más tarde ella misma me llamó con su débil voz y, cuando ya me iba a pedir de beber, de pronto me abrazó con fuerza, se apretó contra mi pecho y no me soltó en un buen rato. Al dÃa siguiente, cuando llegó Aleksandra Semiónovna, Nellie la recibió con una alegre sonrisa, aunque con cierta timidez aún.