Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos ¡Querido ángel mÃo, Natasha! Aquella misma noche, al notarla más serena o, mejor dicho, más cansada, y pensando que asà podrÃa distraerla, le hablé de Nellie, y ella todavÃa fue capaz, a pesar de su tristeza, de interesarse por lo que me preocupaba… Nos separamos tarde; yo estuve esperando hasta que se quedó dormida y, al salir, le pedà a Mavra que no se apartara de su desdichada señora en toda la noche.
—¡Ay, que acabe cuanto antes, cuanto antes! —exclamé de camino a casa—. ¡Que acabe muy pronto tanto sufrimiento! ¡Que acabe como sea, de la forma que sea, pero que acabe lo antes posible!