Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Entonces, iremos juntos, yo les diré que estás dispuesta a quedarte en su casa y ellos te acogerán con todo el cariño del mundo y empezarán a hacerte preguntas. Yo ya me las arreglaré para que, en el curso de la conversación, te pregunten por tu vida anterior, por tu madre y por tu abuelo. Cuéntaselo todo, Nellie, tal y como me lo contaste a mÃ. Todo, absolutamente todo, sin ocultarles nada. Cuéntales que a tu madre la abandonó un hombre malvado, cuéntales cómo murió en aquel sótano, en casa de Búbnova, cómo tenÃais que andar por las calles pidiendo limosna; cuéntales lo que te dijo y lo que te pidió en el momento de morir… Háblales también de tu abuelo, diles que no quiso perdonar a tu madre; cuéntales que ella te mandó a buscarle en la hora de la muerte para pedirle que fuera a verla y a concederle su perdón, pero que él se negó… y cuéntales cómo murió. ¡Todo, cuéntaselo todo! Y, cuando se lo cuentes, el viejo sentirá todo eso en el fondo de su corazón. Porque él también sabe que Aliosha ha abandonado hoy a su hija, y que ésta se ha quedado, humillada y vejada, sin ayuda y sin amparo, sometida al desdén de su enemigo. Todo eso ya lo sabe… ¡Nellie! ¡Salva a Natasha! ¿Quieres venir conmigo?
—Sà —contestó, haciendo un esfuerzo para cobrar aliento y dirigiéndome una mirada extraña, una mirada fija y prolongada; habÃa algo que parecÃa un reproche en aquella mirada, y yo lo sentà en mi interior.