Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —A su madre la engañó un malvado, un canalla —afirmó, dirigiéndose repentinamente a Anna Andréievna—. Se escapó de casa para irse con él y puso en manos de su amante el dinero de su padre. Luego ese hombre la engañó y la dejó en la miseria: se fue con ella al extranjero, donde la desvalijó antes de abandonarla. Pero un buen amigo se mantuvo fiel y la ayudó hasta el final. Cuando murió, hace ahora dos años, ella decidió regresar a Rusia y volver con su padre. ¿No fue eso lo que nos contaste, Vania? —me preguntó con cierta brusquedad.
Nellie, enormemente inquieta, se levantó del asiento e hizo ademán de dirigirse hacia la puerta.
—Ven aquÃ, Nellie —dijo el anciano, tendiéndole por fin la mano—. Siéntate aquÃ, a mi lado; mira ven… siéntate. —Se inclinó hacia ella, le dio un beso en la frente y empezó a acariciarle despacio la cabeza. Nellie temblaba como una hoja… pero logró controlarse.
Anna Andréievna, conmovida y esperanzada, veÃa satisfecha cómo su Nikolái Sergueich arrullaba por fin a la huérfana.