Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Conforme aumentaba la oscuridad, mi habitación parecÃa hacerse más amplia, como si fuera ensanchándose más y más. Me dio por pensar que todas las noches verÃa a Smith por los rincones: estarÃa ahà sentado, mirándome fijamente como a Adam Ivánovich en la confiterÃa, con Azorka a sus pies. Y en aquel preciso instante sucedió algo que me afectó profundamente.