La mansa
La mansa No he podido conciliar el sueño. ¿Cómo iba a dormir con ese latido martilleándome las sienes? Me gustaría desentrañar todo eso, todo ese fango. ¡Ah, el fango! ¡De qué fango la saqué entonces! ¡Debía comprenderlo, valorar mi conducta! Me agradaban también otros pensamientos, por ejemplo, que yo tenía cuarenta y un años y ella solo dieciséis. Eso me encantaba; esa sensación de desigualdad es deliciosa, deliciosa.
