La mansa
La mansa Debo confesarles una cosa: ha habido en mi vida una terrible circunstancia externa que hasta el momento presente, es decir, hasta que se produjo la desgracia de mi mujer, me ha oprimido cada día y cada hora. Me refiero a la pérdida de la reputación y a mi salida del regimiento. En una palabra: se había cometido conmigo una injusticia incalificable. Cierto que a mis compañeros no les caía simpático por mi carácter difícil, o acaso ridículo, pues suele suceder que lo que para uno es elevado, valioso y sagrado, resulta risible para sus compañeros. ¡Ah, a mí no me han querido nunca, ni siquiera en la escuela! En ningún momento, en ningún lugar he gozado de cariño. Ni siquiera Lukeria me aprecia. Ese incidente del regimiento, aunque en parte se debió a la aversión que me profesaban, tuvo sin duda un carácter fortuito. En ese sentido me gustaría añadir que no hay nada más ofensivo e insoportable que ser víctima de un acontecimiento que bien pudiera no haberse producido, de un desdichado cúmulo de circunstancias que podrían haber pasado de largo, como una nube. Para una persona inteligente es algo humillante.
El incidente fue el siguiente: