La mansa
La mansa Y diré más: nadie sabe cuánto sufrÃ, cuánto gemà durante su enfermedad. Pero gemÃa para mis adentros, ahogaba los gemidos en mi pecho, incluso delante de Lukeria. No podÃa imaginarme, ni siquiera suponer, que ella se muriera sin enterarse de todo eso. Pero cuando estuvo fuera de peligro y empezó a recobrar la salud, me tranquilicé enseguida, lo recuerdo muy bien. Es más, decidà entonces aplazar nuestro futuro cuanto fuera posible y dejar las cosas como estaban. SÃ, me sucedió entonces algo extraño y singular, no puedo calificarlo de otro modo: habÃa vencido y la mera conciencia de ese hecho era más que suficiente para mÃ. Asà pasamos todo el invierno. ¡Ah, ese invierno me sentà más satisfecho que nunca!