La mansa
La mansa Y yo mismo tenía una confianza ciega, loca, terrible en que así sería. ¡Ah, me sentía embargado de entusiasmo! Solo esperaba que llegara la mañana. Lo principal es que no temía ninguna desgracia, a pesar de los síntomas. Aún no había recobrado del todo el sentido de la realidad, aunque el velo había caído, y tardé mucho tiempo en recuperarlo. ¡Ah, no me ha vuelto hasta hoy, hasta el día de hoy! Y, en verdad, ¿cómo habría podido recobrarlo entonces? En aquel momento ella estaba todavía viva, se encontraba delante de mí y yo delante de ella. «Mañana, cuando se despierte, se lo diré todo y ella comprenderá.» Así era como razonaba en aquel instante, ni más ni menos, de ahí mi entusiasmo. Lo principal era ese viaje a Boulogne. Por alguna razón, pensaba que todo dependía de ese viaje, que en Boulogne se produciría algo decisivo. «¡A Boulogne, a Boulogne!…» Y aguardaba como loco la mañana.