La mansa
La mansa Era un icono de la Virgen. La Virgen con el Niño, una imagen doméstica, hogareña, antigua, con marco de plata bañada en oro, y debÃa valer… bueno, pongamos unos seis rublos. Me di cuenta de que le tenÃa apego al icono y de que lo empeñaba entero, sin retirar el marco. Le dije que era mejor que lo retirara y que se llevara la imagen, pues, después de todo, eso de empeñar imágenes, en fin…
–¿Lo tiene usted prohibido?
–No, prohibido no, pero hágase usted cargo…
–Bueno, pues quÃteselo.
–¿Sabe usted? Voy a dejarlo como está –le dije después de unos instantes de reflexión–. Y lo pondré allÃ, en el nicho, con los demás iconos, bajo la lamparilla. –Desde que habÃa abierto la casa de empeños siempre lucÃa allà una lamparilla–. Y le daré sin más diez rublos.
–No necesito diez, deme cinco; lo rescataré sin falta.
–¿No quiere diez? El icono los vale –añadÃ, advirtiendo que sus ojitos de nuevo echaban chispas. Ella no dijo nada. Le alargué cinco rublos–. No desprecie usted a nadie, también yo me he visto en tales apuros, si no peores, y si ahora me ve usted metido en este negocio… es por lo mucho que he tenido que soportar…