Los demonios

Los demonios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Shátov no se había equivocado: al volver a casa, encontró ya a Arina Prójorovna con Marie. La comadrona acababa de llegar y había echado desdeñosamente a Kiríllov, que estaba plantado al pie de la escalera; se apresuró a presentarse a Marie, que no recordaba haberla tratado en otros tiempos. La halló en un «pésimo estado», esto es, irritable, de mal humor y presa de una «pusilánime desesperación»; y al cabo de unos cinco minutos ya había acallado todas sus protestas.

—¿Por qué se empeña en decir que no quiere una comadrona cara? —estaba preguntando justo cuando llegó Shátov—. Eso es un disparate, una opinión errada debida a lo anómalo de su situación. En manos de una de esas viejas, de una simple aldeana, sería cincuenta veces más probable que la cosa acabara mal, y eso entraña más problemas y más gastos que con una comadrona cara. Y ¿cómo sabe usted que yo soy una comadrona cara? Ya me pagará más tarde; no voy a cobrarle de más y yo respondo de mi éxito; conmigo no se va a morir, peores casos he visto. Y mañana mismo puedo mandarle al niño a la inclusa, y después al campo para que lo críen; y asunto concluido. Y entretanto se va usted reponiendo, y podrá dedicarse a un trabajo sensato y compensar a Shátov, en un plazo muy breve, por el alojamiento y los gastos, que tampoco van a ser para tanto…

—No me refería a eso… No tengo derecho a ser una carga…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker