Los demonios
Los demonios A continuación ocurrió algo tan desagradable y vertiginoso que más tarde Piotr Stepánovich sería incapaz de recordar lo sucedido de una manera coherente. En el momento justo en que tocó a Kiríllov, éste agachó rápidamente la cabeza y de un cabezazo le hizo soltar la vela de las manos; la palmatoria cayó al suelo con estrépito y la vela se apagó. En ese mismo instante sintió un dolor horrible en el dedo meñique de la mano izquierda. Gritó, y lo único que recordaba después era que, con el revólver, había golpeado tres veces con todas sus fuerzas la cabeza de Kiríllov, el cual se había inclinado hacia él y le había mordido el dedo. Por fin consiguió soltar el meñique y echó a correr atropelladamente, buscando la puerta de la calle en la oscuridad. A sus espaldas, unos gritos terribles salían de la habitación:
—Ahora, ahora, ahora, ahora…