Los demonios

Los demonios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Mais c’est une dame, et très comme il faut[368]. —Stepán Trofímovich descansaba del asalto de Anísim y miraba con grata curiosidad a su vecina, la librera de lance, la cual, de todos modos, se tomaba el té del platillo mientras mordisqueaba un terrón de azúcar—. Ce petit morceau de sucre ce n’est rien…[369] En ella hay algo noble e independiente, y al mismo tiempo… dulce. Le comme il faut tout pur[370], pero ligeramente de otra clase».

Pronto averiguĂł por ella misma que se llamaba Sofia MatvĂ©ievna UlĂ­tina y que vivĂ­a en K., y allĂ­ tenĂ­a una hermana viuda, de familia de menestrales; tambiĂ©n ella era viuda, y su marido, ascendido a subteniente despuĂ©s de haber servido como sargento, habĂ­a caĂ­do en SevastĂłpol.

—Pero es usted muy joven todavía, vous n’avez pas trente ans[371].

—Treinta y cuatro, señor. —Sofia Matvéievna sonrió.

—¿Así que también entiende el francés?

—Un poco, señor; después de aquello viví cuatro años en casa de unos nobles y lo aprendí de los niños.

Contó que, después de enviudar con solo dieciocho años, había pasado algún tiempo en Sevastópol, de enfermera, y que después había vivido en varios sitios, y que ahora iba por ahí vendiendo evangelios.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker