Los demonios
Los demonios —No, no, solo necesito arroparme, por lo demás, corre un viento fresco, muy fresco incluso, pero vamos a dejarlo. Sobre todo, no era eso lo que querÃa decir. Chère et incomparable amie[380], me parece que soy casi feliz, y usted tiene la culpa. A mà la felicidad me sale cara, porque enseguida empiezo a perdonar a todos mis enemigos…
—Pero eso está muy bien…
—No siempre, chère inocente. L’Evangile… Voyez-vous, désormais nous le prêcherons ensemble[381], y yo voy a vender de buena gana esos bonitos libros suyos. SÃ, pienso que ahà puede haber una idea, quelque chose de très nouveau dans ce genre[382]. El pueblo es religioso, c’est admis[383], pero aún no conoce el Evangelio. Yo se lo explicaré… En una explicación oral es posible corregir los errores de ese admirable libro, que yo, naturalmente, pienso tratar con el mayor de los respetos. También voy a ser útil en la carretera. Yo siempre he sido útil; yo siempre se lo he dicho, a ellos et à cette chère ingrate…[384] Oh, perdonemos, perdonemos, ante todo perdonemos a todos y en todo momento… Y esperemos que también nos perdonen. SÃ, porque todos y cada uno de nosotros somos culpables ante los demás. ¡Todos somos culpables!
—Me parece que lo ha dicho muy bien, señor.