Los demonios

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Lo repito: si la policía de San Petersburgo lleva a cabo una adecuada investigación, es posible que descubra algo. Puede que la casera y su marido sigan viviendo aún en San Petersburgo. Lógicamente, habrá quien recuerde la casa. Estaba pintada de azul celeste muy vivo. En cuanto a mí, no tengo pensado ir a ninguna parte y, al menos por un tiempo (uno o dos años), podrán localizarme en Skvoréshniki, la hacienda de mi madre. Si se me requiere, me presentaré donde haga falta.

NIKOLÁI STAVROGUIN

III

La lectura duró aproximadamente una hora. Tijon leía despacio y, probablemente, releyó algunos pasajes. Entretanto, Stavroguin estuvo sentado en silencio y sin moverse. Extrañamente, el amago de impaciencia, aturdimiento y aun delirio evidente que se había reflejado en su rostro toda esa mañana había desaparecido; había sido reemplazado por una expresión de sosiego y de algo así como franqueza, que daba a su semblante casi un aire de dignidad. Tijon se quitó las gafas, titubeó y, mirándolo a los ojos, rompió el silencio con mucha cautela.

—¿No podrían hacerse algunas correcciones en este documento?

—¿Por qué tendrían que hacerse? Lo escribí con mucha sinceridad —objetó Stavroguin.

—Ciertas correcciones de estilo podrían…


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