Los demonios
Los demonios —Hace un par de días me manda de improviso a uno de sus criados: «Le ruega que acuda mañana a las doce», me dice. ¿Se imagina? Yo dejé lo que tenía que hacer y ayer a mediodía, puntualmente, llamé a su puerta. Me llevaron directamente a la sala de visitas; esperé como un minuto y salió; me hizo sentar, y ella se sentó enfrente de mí. No daba crédito: ¡ya sabe usted cómo me ha tratado siempre! Empezó sin rodeos, como acostumbra: «Recordará usted —me dijo— que hace cuatro años Nikolái Vsévolodovich, estando enfermo, hizo algunas cosas extrañas que dejaron a toda la ciudad desconcertada, hasta que todo se pudo aclarar. Uno de aquellos hechos tuvo que ver con usted personalmente. En aquella ocasión Nikolái Vsévolodovich, una vez que se hubo recuperado, fue a visitarle a petición mía. También sé que anteriormente él ya había hablado varias veces con usted. Dígame abiertamente y con toda franqueza cómo… —llegada a este punto titubeó— cómo encontró usted en aquella ocasión a Nikolái Vsévolodovich… Cómo lo vio en general… qué opinión se pudo formar de él y… qué opinión le merece ahora»…